Opinión

Cinco siglos de historia en la mochila

Lucía Ferrer

Lucía Ferrer

Maestra

30 de September de 2026

Llevo quince años cruzando el patio de un colegio público en Almuñécar a las nueve de la mañana, viendo cómo entran corriendo niños que cargan en la espalda mochilas demasiado pesadas. Entre libros de texto, estuches y algún que otro cromo, lo que de verdad llevan dentro es una curiosidad intacta. Como madre de dos y maestra de vocación, sigo pensando que la escuela es el mejor termómetro de lo que pasa en la calle. Y estos días, el termómetro de nuestro pueblo marca una temperatura ilusionante: cumplimos 500 años de escudo.

Cuando leí el programa de "Almuñécar, luz de un imperio", confieso que lo primero que vino a mi cabeza no fueron los documentos de la Real Chancillería ni los fastos de Carlos V, sino las caras de mis alumnos de primaria. ¿Sabrán mis chicos que cada mañana caminan por calles que un día defendieron frente a corsarios berberiscos? ¿Conocerán el origen real de ese emblema que corona los documentos oficiales de nuestro municipio?

A menudo nos quejamos de que las nuevas generaciones viven demasiado de deprisa, enganchadas a pantallas que achican el mundo. Pero la mejor forma de anclarlos a la realidad es demostrarles que forman parte de algo grande, vivo y cercano. Por eso este V Centenario no puede quedarse en una mera fecha para discursos institucionales o fotos en la prensa. Tiene que entrar en las aulas, colarse en los patios y convertirse en un juego de descubrimientos.

Imagino a los niños recorriendo las exposiciones, sorprendidos al ver manuscritos de hace quinientos años, o mirando con los ojos abiertos de par en par un gran desfile histórico que les devuelva por un día a la época de emperadores y flotas. Al final, la novela negra que leo por las noches me ha enseñado que los misterios más fascinantes son siempre los que tenemos más cerca de casa. Y la historia de Almuñécar es, sin duda, nuestro mejor misterio por resolver.

Ojalá que este otoño aprovechemos esta efeméride no solo para mirar atrás con nostalgia, sino para inocular en los más pequeños el orgullo de pertenecer a un pueblo con alma. Porque enseñarles de dónde vienen es la única manera garantizada de ayudarles a decidir a dónde quieren ir.

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