Opinión

Cincuenta años fichando

Antonio Vega

Antonio Vega

Jubilado

30 de September de 2026

Llevo cuarenta años fichando en la administración. Cuarenta años viendo desfilar expedientes, sellando papeles y aguantando carteras ministeriales y concejalías de todos los colores que venían a salvarnos la vida cada cuatro años. Por eso, cuando le leo a los políticos de Motril aquello de que "nos jubilamos del trabajo y no de la vida" o escucho en Almuñécar los discursos sobre el "Mes del Mayor" con tanta foto institucional, sonrío por dentro y cruzo los dedos. De promesas grandes y carteles a todo color estamos los jubilados con la cartilla de ahorros temblando de vuelta de todo.

Pero, oiga, hay que reconocer cuando las cosas, al menos sobre el papel, se mueven. Este octubre la costa tropical se ha puesto de acuerdo para llenar los días de algo más que bancos en el paseo marítimo. Entre Motril y Almuñécar han montado un tinglado de actividades que va desde el concierto de José Luis Jaén —que ese muchacho de "Tierra de Talento" canta con un desgarro que a uno le remueve hasta las entrañas— hasta charlas necesarias sobre la maldita soledad no deseada, que es esa carcoma silenciosa que entra en las casas cuando se apaga la televisión.

Lo que pasa es que a los abuelos de hoy ya no nos sirven con un ramo de flores y una palmadita en la espalda una vez al año. Queremos dignidad todo el año. Por eso veo con buenos ojos que se hable de seguridad en los móviles con la Guardia Civil, que se organicen excursiones a Huelva o que se abran debates serios sobre cómo cuidar a los que cuidan, porque lo de la dependencia en este país sigue siendo un mar de fondo donde muchas familias achican agua como pueden.

Yo, la verdad, con mis tres nietos correteando por el salón y los domingos con la caña de pescar mirando al horizonte del Mediterráneo, pido poco. Que nos dejen envejecer con salud, con las pensiones al día y con la seguridad de que nuestros pueblos siguen teniendo alma de pueblo. Si este mes sirve para que nos saquen de casa, nos pongan a bailar un pasodoble o nos enseñen a defendernos de los timos tecnológicos, bienvenido sea. Eso sí, que no se olviden de que en noviembre y en diciembre la vida sigue, y las necesidades de los mayores también.

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