Opinión

Sombra para todos: cuando la política útil se pone de acuerdo

Andrea Rivas

Andrea Rivas

Periodista ambiental

30 de September de 2026

Hay noticias que, por desgracia, ya no sorprenden: disputas partidistas, acusaciones cruzadas, bloqueos institucionales. Pero de vez en cuando aparece una que reconcilia con la política. Y esta es una de ellas. El Pleno de Almuñécar y La Herradura ha aprobado por unanimidad una moción para adaptar el municipio al cambio climático. Sin votos en contra, sin abstenciones, sin ruido. Solo acuerdo.

A primera vista, puede parecer un asunto menor: árboles, pérgolas, toldos, refugios climáticos. Pero cuando se mira con atención, lo que hay detrás es mucho más importante. Hay una forma de entender la ciudad, la salud pública y el futuro. Y, sobre todo, hay una constatación incómoda: el calor ya no es un problema del mañana, es una realidad del presente.

El calor ya no es una anécdota

Quien haya vivido un verano en la costa granadina sabe de lo que hablamos. Las temperaturas extremas ya no son episodios aislados, sino una constante que se repite año tras año. Las calles se convierten en hornos, las plazas quedan vacías a mediodía y los más vulnerables —mayores, niños, personas con enfermedades crónicas— son los primeros en sufrirlo.

Frente a esto, la respuesta no puede ser individual. No basta con poner un ventilador en casa o evitar salir a ciertas horas. La adaptación al cambio climático exige decisiones colectivas, planificación urbana y, sobre todo, voluntad política. Y eso es exactamente lo que se ha aprobado en Almuñécar.

La moción socialista plantea crear una red municipal de refugios climáticos, ampliar zonas verdes, generar sombra y mejorar el confort térmico de calles y plazas. El gobierno municipal, por su parte, ya trabaja en actuaciones concretas: plantación de árboles, trasplante de olivos centenarios, instalación de pérgolas y toldos, y la incorporación a la Red Andaluza de Refugios Climáticos. No son medidas espectaculares. Son medidas útiles.

Política útil frente a política ruidosa

Uno de los momentos más interesantes de este asunto es la reacción del candidato socialista, Josué Díaz, cuando reconoce que el gobierno municipal ha incorporado muchas de las propuestas que su formación venía planteando. "No buscamos colgarnos una medallita", ha dicho. Y esa frase, en el contexto actual, es casi revolucionaria.

Porque lo fácil sería lo contrario: exigir protagonismo, reclamar autoría, convertir cada medida en un campo de batalla electoral. Lo difícil —y lo valiente— es decir: me alegra que se haga, aunque no sea yo quien lo haga. Eso es política útil. La que suma, la que arrima el hombro, la que entiende que el rival no es el otro partido, sino el problema.

El propio alcalde, Juan José Ruiz Joya, ha defendido la necesidad de aumentar los espacios de refugio frente al calor. Y el concejal de Parques y Jardines, Carlos Ferrón, ha explicado con sentido común que "un árbol necesita tiempo para crecer, pero hay actuaciones que podemos hacer ya". Sentido común. He ahí otra rareza.

Los árboles no entienden de ideologías

Hay algo profundamente democrático en un árbol. Da sombra al que vota a un partido y al que vota a otro. Protege al vecino de toda la vida y al turista de paso. No distingue entre ricos y pobres, aunque sean los más vulnerables quienes más necesitan su cobijo.

Por eso tiene tanto sentido que la adaptación climática se aborde desde el consenso. Porque el clima no entiende de mayorías parlamentarias. Porque las olas de calor no respetan calendarios electorales. Porque el futuro, sencillamente, no es de nadie en concreto: es de todos.

La iniciativa aprobada forma parte de un modelo que el PSOE ha bautizado como "Ciudad de los Cuidados", basado en diseñar los servicios y el espacio público pensando en las necesidades cotidianas de las personas. Más allá de la etiqueta, la idea de fondo es sólida: la ciudad no es un escaparate, es un lugar para vivir. Y vivir, en un contexto de temperaturas extremas, exige sombra, verde y espacios protegidos.

Lo que falta por hacer

Sería ingenuo pensar que todo está resuelto. La unanimidad en el Pleno es un punto de partida, no una meta. Como ha reclamado el propio Díaz, ahora hace falta dotar de recursos suficientes al plan y acelerar las actuaciones. Porque las buenas intenciones, sin presupuesto, se quedan en nada.

También será necesario que los criterios de adaptación climática se incorporen de forma transversal en las futuras remodelaciones urbanas. No basta con plantar árboles en un parque: hay que repensar las calles, los materiales, la orientación de los edificios, la movilidad. La adaptación climática no es un parche: es una forma distinta de diseñar la ciudad.

Y, por supuesto, será necesario mantener el consenso. Que la unanimidad de hoy no se convierta en la disputa de mañana. Que nadie utilice el calor como arma arrojadiza. Que se recuerde que, cuando se trata de proteger a los vecinos de las temperaturas extremas, no hay izquierdas ni derechas: hay personas.

Un pequeño ejemplo con valor simbólico

Almuñécar no es una gran capital. No es el centro del mundo. Pero lo que ha ocurrido en su Pleno tiene un valor que trasciende sus fronteras. Demuestra que se puede gobernar desde el acuerdo. Que se puede escuchar al que piensa distinto. Que se puede priorizar el bien común por encima del rédito electoral.

En un tiempo en que la política parece condenada al espectáculo y a la confrontación permanente, un ayuntamiento que aprueba por unanimidad un plan de adaptación climática es una pequeña gran noticia. Casi una lección.

Ojalá cunda el ejemplo. Ojalá, dentro de diez o veinte años, cuando las temperaturas sean aún más extremas, podamos mirar atrás y decir que supimos prepararnos. Que no nos quedamos de brazos cruzados. Que, en medio del ruido, fuimos capaces de ponernos de acuerdo para dar sombra.

Porque, al final, de eso se trata: de dejar un municipio más habitable, más fresco, más justo. Un lugar donde merezca la pena vivir, incluso cuando el termómetro se empeñe en lo contrario.

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