Opinión

El contenedor marrón, el huerto seco y las cosas de comer (y reciclar)

Andrea Rivas

Andrea Rivas

Periodista ambiental

02 de October de 2026

Llevo años escribiendo sobre cambio climático, emisiones, cumbres internacionales con nombres impronunciables y normativas europeas que parecen redactadas por burócratas en una realidad paralela. Pero la verdad es que, cuando cierro la libreta y me pongo los guantes para intentar que mi pequeño huerto en La Herradura sobreviva a otro verano que es más bien un horno, entiendo que de poco sirve hablar de grandes conceptos si no somos capaces de barrer primero la puerta de nuestra casa.

Por eso me alegra ver que el Ayuntamiento de Almuñécar se ha decidido, por fin, a ampliar la recogida de residuos orgánicos y que el famoso contenedor marrón llega este 5 de octubre al barrio de San Miguel. Y me alegra especialmente por una razón muy sencilla: se ha hecho con puerta a puerta, repartiendo cubitos y explicando las cosas de tú a tú.

Quienes defendemos el medio ambiente nos tropezamos a menudo con nuestro propio vocabulario técnico. Hablamos de "economía circular" y "biorresiduos" como si la gente tuviera que sacarse un máster para tirar las cáscaras de patata. La realidad es mucho más terrenal. Reciclar en casa es un engorro al principio, para qué nos vamos a engañar. Requiere hueco, costumbre y acordarse de bajar la basurita orgánica a diario, sobre todo cuando aprieta el calor y los olores mandan. Si no te lo ponen fácil, si no te dan el cubo y te explican el calendario de envases y cartón sin tecnicismos, la teoría se ahoga sola.

Mirando mis bancales medio sedientos, pienso que la transición ecológica no va de grandes eslóganes, sino de hábitos de andar por casa. Que los restos de una ensalada acaben convertidos en compost para nutrir la tierra —en lugar de pudrirse mezclados con plástico en un vertedero— es la forma más directa que tenemos los ciudadanos de devolverle algo al suelo que nos alimenta.

Ojalá este estreno en San Miguel funcione y sirva de trampolín para que el contenedor marrón recorra todo el municipio más pronto que tarde. La Costa Tropical se nos está secando, el clima nos aprieta las clavijas cada año y la escasez de agua ya no es una advertencia de futuro, sino un parte meteorológico diario. Cuidar el entorno no es una moda hípster ni una ocurrencia de despacho; es una cuestión de supervivencia. Y empieza, literalmente, por lo que echamos en el cubo de la cocina.

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